miércoles, 21 de mayo de 2008

Ignorancia adoptada.

Puede tratarse como una realidad incómoda, ya se veía hace tiempo que el empeño, la capacidad, la dedicación y el entusiasmo incluidos otros factores que nada tienen que ver con las ideas preliminares, no contarían con el beneplácito y aquiescencia de todo lugareño, todo ello unido en una coctelera, bien agitado pero no revuelto, daría como resultado una mezcla de diversificación de experiencias y circunstancias que concluyen en situaciones beligerantes.

Las causas más comunes de estos conflictos es la imposibilidad de compartir puntos de vista distintos sin recibir a menudo ciertas críticas, más que criticas, abarcan la definición de agravios y dicterios.

Como decía François de La Rochefoucauld, “tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse”.

Está claro que en cierto modo o manera, todos, en mayor o menor medida somos unos ignorantes, simplemente que no todos ignoramos las mismas cosas, y algunos somos conscientes de nuestros limites, no llegando a caer en la fatuidad y la altanería, otros sin embargo, deliberada y preconcebidamente omiten u ocultan información, mostrando tan solo la parte que les interesa, pecando de mimetizadores.

Hay que aprender que no todo vale en esta vida, que se puede vivir sin dañar, que no todo en la vida es un juego y que no todos aceptan que los metan en medio de las trifulcas y peor aún, los utilicen a modo de señuelos cual carnaza, ¿Qué extraña personalidad hay detrás de esa forma de actuar? ¿Se alcanza la felicidad a base de provocación? ¿Qué ocurre cuando esta provocación se vuelve en tu contra?

Parece que ahora se va cerrando el circulo y que solo van quedando en su interior aquellos a los cuales se les mantiene en la ignorancia y desconocimiento, pero que tarde o temprano irán reaccionando de su estado de aletargamiento y acotaran más aún dicho circulo, para quedar circunscritos tan solo los idolatrados, venerados y reverenciados señores del lugar, y sus personajes, que si bien algunos no se aprecian claramente, existen y en cantidad exagerada.

Recordad que a algunas personas los disfraces no los disfrazan, sino los revelan y que cada uno se disfraza de aquello que es por dentro, debiendo de ser prudente y no situarse en terreno resbaladizo ya que la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio y que es peor arrojar datos inadecuados que tener ausencia total de ellos.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, aunque a veces la realidad supera la ficción.